viernes, 31 de agosto de 2007

RECUERDOS

-¡Bueeeeno ya estamos aquí! Ays, qué melancólicos nos hemos puesto todos esta semana, ¿verdad Mae?


-Bueno, si, melancólicos... es que a veces recordar duele, y otras veces hace que no puedas parar de reir. Ya nos queda menos, y por fin dejaremos der la lata a nuestros pobres concursantes que vaya mesesito de agosto que les hemos dado.


-¡Por cierto! Los concursantes tendrán curiosidad y no es plan de ser tan malvadas... Mi texto gorrino era el número 8, ¿y el tuyo?


- ja ja ja, el mio es el número 6. (me pongo colorá) xDDDD
Quizás nos hayan identificado, o no!.
Tenemos que decir que esta semana volvemos a tener una baja. Albret, por motivos que desconocemos no ha podido enviar su texto y lo sentimos pero queda fuera del concuerso. La verdad es que a esta altura es una pena.



-Pues bueno, para no romper el halo mágico y tierno os dejamos sin más con los textos. Recordad que tenéis hasta el jueves 6 para votar, y que el próximo viernes os daremos el último tema del concurso. Esperamos que lo estéis pasando bien, que de eso se trata ;)





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1


Cuando te quise olvidar aparecías a cada instante en mi cabeza, como una mala reposición de Verano Azul, perdón, quise decir del capítulo de la muerte de Chanquete en Verano Azul. Ahora te quiero recordar y sólo consigo hilar detalles descabalados que apenas me llevan a nada, que juntos no sirven ni para andamio de bambú que sostenga a un simple recuerdo. Sé por qué te quise olvidar, eso no lo he olvidado, pero ignoro cuál es el motivo de quererte recordar de nuevo. Fue un olor el que provocó este cambio de intenciones. Eso sí lo sé. Pero no sé por qué en ese preciso instante ese olor me llevó a ti; me intentó llevar a ti, porque de momento no lo ha conseguido. Es un olor cotidiano que durante años te ha ignorado: el olor de las palmeras de chocolate recién hechas de la panadería del barrio. Las primeras las comí contigo, cuando en plena adolescencia las comprábamos camino del instituto para devorarlas en el recreo. Ahora la compro y me la como solo. Camino del trabajo. Es mi pequeño vicio matutino. Y mi desayuno.
Nos conocimos en 1º de BUP. Ese año frecuenté tu espalda sobre todo, porque eras mi compañera de delante. Apenas cruzamos palabra. Holas tímidos y adioses de cortesía. Y chivatazos en los exámenes. Yo te chivaba en letras y tú a mí en ciencias.

En 2º descubrimos que vivíamos cerca. Lo que no sé es cómo nos habíamos esquivado durante tanto tiempo habiendo sólo un camino para llegar al instituto. Parece que vivíamos lo mismo con un intervalo de minutos de diferencia. Empezamos a acompañarnos a la ida, y más tarde también a la vuelta. Empezamos a compartir palmeras de chocolate.

Y no miento cuando digo que no consigo recordarte. Estos recuerdos son previos a lo que me gustaría recordar. Mis recuerdos se borran como las chozas de paja bajo un tornado cuando llegamos al verano del 85, recién finalizado 2º de BUP. Vuelven los recuerdos años después, justo al día en que decidí olvidarte. En ese preciso instante. Ni un segundo antes. Un instante convertido en un volcán en plena erupción, ausente de lava, pero a reventar de reproches.
Una lágrima recorre mi pómulo, despacio, como si en vez de bajar subiera. Una lágrima por recordar ese instante. Y detrás otra por no recordar lo que quiero. La dependienta me regala una mirada de ánimos mientras que me da la vuelta de la palmera de chocolate.



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2


Recordaba mucho; demasiado. Olvidaba poco.
Fue su memoria lo que le destruyó. Vivir mendigando retazos, risas que ondeaban por todas partes, palabras siempre incompletas… Aquello era lo único que sabía hacer.
Tal vez por aquello era lo que muchos llaman un bohemio. Bajo su aparente indolencia –que muchos juzgaban provocada por algún tipo de droga- él hervía.
Pero nadie lo sabía. Por eso estaba solo.
Buscaba sin cesar algo que nunca había conocido. Aunque sólo podía intuir la grandiosa y fresca calma que traería a su agitada existencia –una tranquilidad frágil y caprichosa- él continuaba, sin descanso.
Los demás sólo veían un hombre desaliñado sentado en cualquier banco, mirando al suelo con un desgastado pitillo en la boca. Un vago, un chupasangre más, un número en el INEM.
Evitaba mirar a su alrededor a toda costa. Si alguien le conociera bien diría que parecía huir del mundo que le rodeaba por una buena razón.
Y seguía solo.
Nadie sabía que estaba enfermo. Tanto que varias veces estuvo a punto de morir. No podía evitar recordar todo lo que escuchaba, veía, sentía, tocaba. Tenía una memoria tan prodigiosa que los mil detalles de cada momento se le incrustaban al instante en el cerebro.
No sabía como detenerse.
¿Cuántas veces salvó vidas recordando todos los pasos de la reanimación artificial sin asomo de duda? ¿A cuántas mujeres arrancó una sonrisa –fugaz- al hablar durante una eternidad de cuadros en museos? ¿Cuán valiosos le fueron sus recuerdos ante las dudas?
Sin embargo, no era feliz. En un par de ocasiones sintió que la cabeza le ardía. Tuvo que olvidar su nombre, su familia, sus recuerdos más antiguos y preciados –también los más profundamente anclados en su memoria- para dejar hueco libre a maravillosas y nuevas experiencias.
Era aquello o morir. Sólo podía olvidar cuando peligraba su propia vida. Y necesitaba esa parcela blanca en el cerebro, sencillamente para poder soñar, respirar, vivir.
Por si esto fuera poco, nadie parecía reconocerlo. Los que lo conocían por la calle y charlaban con él, olvidaban su existencia tras despedirse apenas se giraban para continuar andando. Nadie sabría dibujar con precisión sus facciones, recordar el timbre de su voz, sus aficiones.
Era el olvidado.
Por eso sacó aquella corbata gris y anodina del armario; la única pertenencia que no removía nada entre sus recuerdos. Por eso la ató del ventilador del techo y se colgó una medianoche.
Por eso dejó una nota de suicidio que decía "¿Recordaréis quién soy ahora?"



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3


Tu recuerdo acude en oleadas, ya de tarde en tarde, como una marea desorientada que se resiste a desaparecer. Algo tan simple como una palabra, un olor, una canción, dispara la energía y el mar de mi mente comienza a bambolearse, golpeando las paredes del pobre refugio que he construido con sudor y lágrimas. ¿Sabes que hay canciones que ya no escucho? Para qué, si perdieron su sentido original en algún giro de nuestro laberinto privado.
En el armario conservo todavía aquel par de zapatos Clarks que me regalaste. Zapatos de un solo uso, solían lastimar tus pies y los míos tampoco son una excepción; no importa lo que insista, no hay manera de suavizarlos, de amoldarlos, de domarlos. Pero adivina qué: una vez al mes, me los calzo y camino con ellos. No mucho, una media hora, no más. Pues el dolor también es una manera de recordar.
Las fotos yacen en un cajón, desterradas a un triste simulacro de olvido. Un gesto tópico, repetido hasta la saciedad en la historia del hombre. Me pregunto qué sentido tiene encerrar un trozo de papel bajo siete llaves, si no existe fuerza en este mundo que consiga arrancarte de mis entrañas. Tiempo, me dicen, deja correr el tiempo. ¿Acaso no saben que el tiempo no existía cuando nuestras miradas se cruzaban? ¿Entiende alguien eso? ¿Puede alguien contestarme?
Quiero que sepas que mi ventana está abierta. La planta se secó en el alfeizar pero una de sus hojas secas duerme entre las páginas del libro. Sueña con tiempos mejores.


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4


Recuerdos Ella recordaba aquel tiempo en el que estaban juntos, hace tanto ya, en las colinas verdes al lado del mar. Los acantilados les dejaban sentir esa brisa salada y fresca cada tarde cuando llegaban a soñar sobre las rocas. Las horas pasaban tranquilas y fáciles, a veces sin palabras, sin contacto, sin miradas, pero juntos en la felicidad de la compañía mutua. Los caballos pastaban tranquilos y a lo lejos escuchaban la melodía rítmica de las olas al llegar a la playa, la fuerza enorme de la tormenta que anunciaba a veces una tempestad o simplemente la caricia del viento sobre los pastos de siete tonos de verde.
Ella recordaba que en ese tiempo estaba completa y era poderosa porque esa compañía la complementaba y la hacía fuerte. Creció viendo esos ojos de luz, compartió sus ideas y sueños y siempre buscó la protección de esos brazos que le daban tranquilidad en sus horas de miedo. Se perdió mil veces en sus labios finos y suaves, en su cuerpo moldeado por las horas de travesía en el bosque y en su olor a cedro húmedo por la llovizna de la mañana. Aprendió por sus palabras y silencios el valor de la amistad, por sus besos y caricias el calor de la pasión, y por sus ojos de luz la fuerza de su espíritu.
Ella recordaba todo de una manera extraña, sin imágenes, simplemente con sensaciones, impulsos e intuición; por eso aquellos ojos que reconocía le transmitían paz, esos labios le llamaban a un beso y ese silencio le parecía tan agradable. Ya era lo mismo si salía el sol o se desataba una tormenta, si estaba en un parque lleno de gente o en el salón de la casa, si alguien llamaba a la puerta o no aparecía nadie. Estar allí recordando, juntos nuevamente después de tanta vida, le hacía apreciar sonidos, aromas y sensaciones que hacía mucho dormían en algún lugar de su memoria eterna, le hacía sentirse nuevamente completa y fuerte.
Sólo una cosa le incomodaba un poco, al otro lado de la mesa en silencio, ¿recordaría él?



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5


Aún recuerdo aquel momento y mis ojos no pueden evitar llenarse de lágrimas.
Fué la misma reacción que tuve aquel día, en aquel momento.
Lo recuerdo y no dejo de maldecir el día en el que te conocí. El día que decidí besarte, el día en el que me enamoré de ti...
Cada palabra tuya me viene a la cabeza día si y día también como jaqueca incesante, para no dejarme descansar.


- "Te quiero", me dijiste. Luego agachaste la cabeza... "Me caso en dos meses".


Te odio por lo que has hecho, pero sabes que en mi corazón llevo tatuado tu nombre a fuego y que en mi segunda piel guardo cada una de las caricias que me regalaste. No solo la piel tiene memoria para lo malo... También recuerda lo bueno.
Desde aquel día, cada lágrima mía es por ti. Cada sonrisa que regalo, es porque tu recuerdo me la arranca. Cada mirada mia te busca, y lo peor de todo es que no te encuentra. No te siento. No te tengo.
Recuerdo mariposas en mi estómago a tu primer besos. Como me temblaban las manos e intentaba disimular la cara de tonta que se me había quedado.
Pero esa frase tuya, la que tanto me dolió, fué el final de algo que ni siquiera tuvo comienzo, pero que hizo huella en nosotros.
Pedirte que no lo hagas no sería justo, ya que yo no soy nadie para meterme donde no me llaman, pero permíteme que te pida una cosa... RECUÉRDAME SIEMPRE.


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6


El tiempo -había escuchado en cierta ocasión- cada vez pasa más rápido. Sujetando un helado, la mirada suspendida a través de la ventana, eterna, inmóvil. El cielo era la parte de dentro de un melocotón. A esas horas, su dulce aspereza no significaba nada, aún era demasiado pronto, pero apuntaba ya algunos rasgos. En el asiento de atrás nada tiene una importancia definitiva. Los paisajes se suceden. Rostros, árboles, horizontes. Nada. "El tiempo cada vez pasa más rápido."

El verso incorrupto de la confianza. La puerta abierta, el suelo inclinado hacia abajo. "Me gustaría estar en todas partes." El sabor de un helado de limón al lado del mar. La sonrisa. Un ejército irreverente que cruza el umbral una y otra vez hasta desgastarlo y hacerlo invisible. Un círculo perfecto donde cualquier parte es el inicio y el final de cualquier cosa. "Estoy en todas partes."

La primera vez que acarició la nuca de una mujer. "Las proporciones nunca son exactas hasta que el agua te llega por las rodillas. Nunca habría pensado que algo así podría caber dentro de la palma de mi mano." Llegado el momento de redefinir las dimensiones de sus expectativas, la dibujó firme, pero ágil, casi escurridiza. Un lugar donde depositar todos los momentos de la vida. Pero escurridiza.

La huida constante de su cintura, en danza centrífuga respecto al centro de sus miedos. El miedo a dejar de mirarla. "No todos los amaneceres son iguales. Hay veces que el aire muerde la garganta." La mirada suspendida a través de la ventana, el manto grisáceo apoderándose del perfil de todo lo que estaba a su alcance. Había llegado el momento de volver a describir las cosas.

El reflejo de sí mismo en el cristal. "¿Qué estás haciendo aquí?" El paso lento, interrumpido, imposible de acompasar. Una tarde de digestión difícil. Una mariposa aplastada. La carretera inclinada ligeramente hacia arriba, el agua vertida escapándose por un abismo estrecho y profundo. Las cosas -había escuchado desde el asiento de delante- tienen su propia lógica. "No se puede forzar la vida."

La primera vez que tocó el fragmento que transita colgado de las agujas de un reloj. "El tiempo cada vez pasa más rápido, alternándose con momentos en que no pasa nada." El peso de una ausencia, en su espalda. Mirando el suelo, con la mente en otra parte. Escuchándose a sí mismo. El ritmo de sus respuestas. "Me gusta mirarte, pero no amanezcas nunca. Te prefiero inacabada, pero latente, aquí."

La derrota pintada de color ocre. El golpe amortiguado contra su propia nuca, mientras deshojaba una flor muy parecida a tantas otras. "Al fin y al cabo, de esto se trata. Deshojarnos poco a poco hasta llenar el suelo con el mosaico de nuestras concesiones." La perspectiva nítida, pero inalcanzable. La sensación de ir un paso por detrás de todo lo que ocurre. El silencio un instante después de cerrarse una puerta.

La mirada suspendida en la pared de la habitación, eterna, inmóvil. "No sabes, mi amor, lo que daría por tener tu nuca entre mis manos, en vez de sujetarme a mi mismo, y tomar a tu lado un helado de limón." Como la primera vez, despejando incógnitas con la punta de un lapiz afilado que se va gastando hasta perder la capacidad de escribir nuevas historias. El tiempo -le habían susurrado un par de segundos antes- cada vez pasa más rápido.



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7



Recuerdo cuando sonreías y podía verte las caries de las muelas creadas por tu adicción a los ositos de goma.

Recuerdo cuando te los metías a bocajarro en esa garganta profunda tuya. Recuerdo cuando te conocí, justo ese minuto, el primero.

Recuerdo tus gritos de alegría cuando aparecía con alguna película de Bill Murray, aunque la hubieras visto cientos de veces.

Recuerdo tu record imbatible por ninguna otra de ser la más rápida subiéndote las bragas cuando oías voces en los pasillos de la universidad. Recuerdo cuando no llevabas bragas.

Recuerdo como cantabas en la ducha, con esa curiosa habilidad tuya de destrozar todas y c
cada una de las canciones que te daba por cantar.

Recuerdo la rabia absoluta con la que mirabas los escaparates más glamorosos de la ciudad y cómo me mentías cuando decías que tú, eso, ni en broma te lo comprabas ni con el dinero saliéndote por esas graciosas orejitas tuyas.

Recuerdo cuando birlabas tizas y dibujabas rayuelas en el suelo de las calles para no jugar nunca después. Recuerdo que el primer número que escribías era el dos.

Recuerdo tu pasión por las calles estrechas y las bombillas grandes.

Recuerdo tu colección de fotos absurdas a calcetines ajenos.

Recuerdo todas y cada una de tus palabras la primera vez que te dije que eras especial.

Recuerdo esa tendencia tuya a las pastillitas de colores. Recuerdo el sabor de tu coño en mi boca y tus labios relamiendo los míos en busca de experimentar ese mismo gusto.

Recuerdo tu cara de consternación cuando te enteraste que estaba enfermo.

Recuerdo cuando gemías flojito por que tenías miedo que la vecina le contara a tu gato que oía cosas obscenas y que carecíamos de televisión.

Recuerdo cuando te bebiste siete tequilas con limón y acto seguido te measte en los pantalones.

Recuerdo cómo te reías tu misma de esa húmeda contrariedad mientras comentabas absolutamente ebria que parecía que iba refrescando.

Recuerdo tus refranes dicharacheros.

Recuerdo tu camiseta de Blas y cómo marcaban tus pequeños pechos.

Recuerdo cuando corrías por casa, trotando, para no llegar a ningún lado en concreto.

Recuerdo todas y cada una de las veces que lloraste.

Recuerdo todas las veces que me hiciste llorar a mí.

Recuerdo nuestras escenas de sofá enmarcadas en colores vivos.

Recuerdo cuando tus piernas se dieron impulso desde lo alto, mientras yo te gritaba histérico.

Recuerdo tus palabras mustias.

Recuerdo tus brazos inertes,DANZANDO solos, tocando las nubes, sin intención.

Recuerdo lo bien que bailabas.

Recuerdo tu cuerpo rozando el gris asfalto.

Recuerdo tu amor por el amarillo limón.

Recuerdo tu cabeza abierta, tus sesos desparramados, la sangre manchando mis zapatos nuevos.
Recuerdo tus viejas bambas rojas.

Recuerdo tus ojos abiertos sin mirada y sin brillo.

Recuerdo la marca de tu rimel.

Recuerdo mi odio.

Recuerdo tu agonía.

Recuerdo mi impotencia.

Recuerdo tus pocas ganas por acompañarme en mi final.

Recuerdo mi asco hacia ti en ese momento.

Recuerdo tu traición que aún perdura.

Recuerdo mi angustia y la soledad abrupta que me invadió y me invade.

Recuerdo tu cobardía.

Recuerdo mi asco hacia ti.

Y lo había olvidado, pero ahora lo recuerdo…

Recuerdo tu nombre, Amanda.



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8

SAMUEL

Yo sólo lo conocía de vista, pero puedo decir que en la facultad no era popular. Dicen de él que era un tanto solitario, y poco hablador, pero también dicen que de voz amable y cálida, cuando se le preguntaba.

Su abuela comenta con un punto de enfado que era imperceptible. A veces no sabía si estaba en casa o no, y también se quejaba de que no le expresaba que la queria, o de que nunca sabía lo que pensaba. Pero a pesar de todo, era su nieto favorito.

En su barrio, lo veían andar silencioso por la calle, con las manos en los bolsillos, normalmente mirando al suelo. Si le preguntan a Silvia, la dueña de la panadería, les dirá que era un chico normal. Pero si charlan con ella más detenidamente, es posible que acabe por contarles que le encantaba mirarlo a los ojos cuando le daba el pan del día, o la vuelta, porque tenía una mirada que encerraba muchas cosas (pero que esto era un secreto, que no lo contaran por ahí, que si no se muere de la vergüenza).

Su madre no dice nada. Sólo aprieta los labios y suspira. No quiere dejar de hacer las labores de la casa y se aferra a ellas con más ahínco - como la pinza de la ropa, como el estropajo a la grasa del plato- cuando se acuerda de él, cuando repara en que mientras hace lo más simple y cotidiano, puede pensar igual en cosas importantes.

Su padre cuenta en secreto que encontró unos poemas entre sus cosas, y aún no ha tenido valor para enseñárselos a su mujer. Prefiere esperar. Cuando redacta los informes a veces le tiembla el pulso, y yo no sé si porque sabe que él nunca podría escribir versos semejantes, o porque se alegra de haberle conocido esa sensibilidad desconocida, aunque fuera tarde. Quizá fueran ambas cosas.

Virginia era quien lo conocía realmente. Decía que bajo aquella imagen de chico tímido se escondía un inesperado manantial de ternura queriendo abrirse paso, y que ella fue la afortunada de tal hallazgo, y pudo disfrutar durante dos años de sus sonrisas y sus caricias, y aún más, de sus sentimientos plasmados en fantásticas historias medievales de princesas y dragones, en exclusiva para ella. No les dirá mucho más, porque entonces apartará su vista al horizonte, se encenderá un Chester y permanecerá en silencio.

Para mí es un fantasma del que siento celos. Es una nebulosa de recuerdos dulces que rondan la mente de Virginia y acaban siempre en un punto de amargura, interponiéndose entre ella y yo, colándose de noche entre las sábanas. Es la causa de sus ausencias, aún estando presente, pero también de la ensoñación que le languidece el alma, y eso le hace aún más sensual, pero al mismo tiempo, en esos momentos no puedo mirarle a los ojos, porque le han volado.

No sé si calificar como curiosidad lo que me ha llevado de nuevo al punto kilométrico 134 de esta poco transitada carretera nacional, pero aquí estoy. El lugar sigue solitario y polvoriento. La cuneta parece un mosaico de pedruscos cortantes donde imagino a Virginia encajando los recuerdos, como un puzzle. Han pasado tres años y parece que todo está igual -aún se ve el lazo atado a un árbol-, si no fuera por las flores muertas, ya irreconocibles, zarandeadas por el aire. Permanecen mudos y secos los árboles de troncos inmóviles y ramas espantadas. Sólo se oye el viento huidizo, y de vez en cuando, la letanía cesa, y entonces anida el silencio. De pronto, me percato que del tronco doblado por el impacto, moribundo, nace una ramita de hojas verdes, hermosa.

Tras un rato hace frío y el viento arrecia, como queriéndose llevar lejos el recuerdo del accidente, mientras hago cábalas de cómo sería Samuel en realidad, y sobre todo, qué le contaría a ella acerca de mi atrevimiento de esta tarde. Pienso la manera de describir aquella rama como un signo de esperanza. Ojalá así sirva para ayudar a cerrar y olvidar heridas. De vuelta a casa, seducido por la idea de la cena que estaría preparando Virginia, trato de recordar los versos que aprendí hace muchos años, en la escuela, del olmo seco de Machado.



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9




Estrenando memorias, las más antiguas.
Oigo ladrar perros en la noche. Son perros alerta, perros de casas, perros que cumplen un deber y alegran un hogar. Son ladridos de canes cautivos, amigos del hombre: personas que los aman y los cuidan. Buena alianza desde tiempos inmemoriales de mutua conveniencia. ¿Cuando nos descubriríamos mutuamente?

Desde mi más tierna infancia los perros y sus comunicaciones nocturnas están presentes. Siempre hubo de estos primos de los lobos y dingos cerca de mi hogar. Mi madre los ama y tiene una paciencia y un don para educarlos que yo no he cultivado por tener una familia de gatos un tanto extensa, incompatible con los mastines, pero amigables con mi jardín. ¡Punto en a favor para los mininos!

Los ladridos entrañables que me retrotraen a mis tiempos de las visitas invernales a la abuela Mimí en Villa Alegre. Inviernos en que las luces legañosas de la calle daban sombras fantasmagóricas dentro de la galería laaaarga ¡como vagón de ferrocarril! sombreada en verano por el viejo nogal que en invierno, ya desnudo, sólo dejaba caer de vez en cuando alguna nuez olvidada que rodaba por el techo de zinc haciendo su "toco-toco-toco-toc-toc-toc" característico.
Junto a los perros son los sonidos nocturnos más especiales y --creo-- los primeros de los que yo haya tenido conciencia y que hasta hoy me llevan a ese hogar que mantenía ardiendo el amor de mi abuela, y, curiosamente, también me hacen volar hacia tiempos pasados en las noches de campo en Carrizal, con su silencio alterado sólo por los ladridos, quietud que desde muy lejos permitía oír venir algún vehículo por el camino ripiado, con sus cerros cortados que se iluminaban a su paso, para seguir de largo haciendo saltar las piedras que pegaban contra su panza de metal sin molestar mucho por ello a sus misteriosos ocupantes.





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10


Dark miraba a través de la ventana. Las gotas de lluvia golpeaban el cristal y se deslizaban hasta el vierteaguas. Nunca sabía por qué, pero aquellas tardes lluviosas de verano siempre le hacían sentirse un poco más vulnerable de lo que le gustaría reconocer.


Encendió el ordenador, pensando que quizás aquel tiempo le ayudaría a trabajar un poco. A concentrarse de nuevo en el dichoso artículo de la semana. Ya era jueves por la tarde y aún no tenía escritas ni cinco líneas, seguro que de un momento a otro sonaría el teléfono o un correo electrónico de la directora de la revista, en la que solía publicar sus artículos, le recordaría que el viernes a primera hora este debía estar entregado para el cierre de la edición. Lo cual implicaba que antes debía estar acabado y corregido. Estúpida manía de dejarlo todo para última hora.


Ni siquiera recordaba demasiado bien sobre que tema debía escribir y cuando intentó abrir el archivo para seguir escribiendo, no recordó el maldito nombre con el que había decidido guardar aquellas primeras líneas. Abrió decenas de archivos en el procesador de textos, de los cientos que guardaba en su carpeta de trabajo, de forma casi aleatoria. Nunca guardaba los textos con un nombre por el que poder identificarlos fácilmente, la mayoría de ellos tenían como nombre las primeras palabras que lo componían, o un simple número, "texto14", "texto15", o cualquier otra cosa que pensara en ese mismo instante. Nada demasiado útil.


Tras unos cuántos intentos acabó encontrándose frente a un viejo texto, que había escrito hacía casi diez años. Un escalofrío lo recorrió de arriba abajo.


Apenas quince minutos después la directora de contenidos de la revista recibió un aviso de su cliente de correo electrónico. Por fin había llegado el artículo semanal de Dark, casi había que dar las gracias por no haber tenido que esperar hasta el último segundo. Abrió el correo y en el cuerpo del mensaje el autor le pedía que no corrigiera, ni una coma mal puesta, ni un acento olvidado, la esencia del texto no residía, esta vez, en su valor literario, sino en el sentimiento que lo había provocado. Después de leer el artículo estuvo de acuerdo con él.


El viernes la revista salió a la venta. En la página número quince, cómo cada semana, los lectores pudieron encontrar el artículo de Dark, en este número su título era: "Recuerdos".


Recuerdos


Me siento en mitad de la nada, y empiezo a ordenar mis recuerdos en orden creciente de importancia, comienzo a amueblar la soledad que me rodea con vagos recuerdos de mi infancia, con compañeras de clase a las que un día les dediqué el tiempo que aún me quedaba antes de que tú llegaras. Con inocentes miradas que les dirigí a chicas que jamás me dijeron nada. Con mis primeros escarceos en el sugerente mundo que se esconde debajo de las blusas y las faldas. Con el día que descubrí, que con la boca y sin hablar, también se puede seducir.


Después ordené mi presente, con miradas de chicas a las que jamás les dije nada. Con besos que para mí, no tuvieron ninguna importancia. Con mentiras dedicadas a la chica, que aquella noche, tu lugar ocupaba. Con la terrible sensación de tener vacía el alma. Con la alegría, del día que soñé que regresabas, y con la frustración de aquella mañana.


Finalmente, cuando fui ordenando aquellos que ocupaban los primeros lugares, tuve que retroceder en el tiempo, tuve que volver atrás, hasta que con tú recuerdo, cara a cara, me volví a encontrar. Y fuiste ocupando todas las posiciones de honor, con caricias que mi piel añora cada día más. Con miradas imposibles de olvidar, aquellas que me dedicabas cuando aún estabas enamorada. Con palabras, que quedaron grabadas a fuego en mi alma. Con sonrisas y con besos que hacían que todo lo demás sobrara.



Ocupaste el primer lugar, el mismo día que creí, que por fin, te había conseguido olvidar.











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11


Caminos

El camino... desde que nací hasta el mismo dia de mi muerte mi vida esta atravesada por un camino... mi camino...




A veces una hermosa carretera de ladrillos dorados, otras veces un camino mejor o peor asfaltado, muchas veces un pedregal donde caminar es complicado, los puentes estan derruidos, y las alimañas muerden si te despistas.




Aunque pueda parecer recto, realmente el camino está lleno de encrucijadas. Caminos que se bifurcan, caminos donde hay que parar y elegir.




Por fortuna, no siempre caminamos solos. La enorme carretera que es este planeta hace que mi camino se junte con el de otro, y durante mas o menos recorrido, caminamos juntos, hasta que un nuevo cruce nos haga separarnos.




Todo esto lo pienso en mi duermevela de esta noche, sin hablar con nadie, solo pensando mientras reviso la agenda de mi móvil, borrando aquellos nombres que formaron parte del camino, y ahora forman otros caminos.




Por fortuna, cada nombre que borro, tiene como contrapartida otro nombre, que se incorporó al camino recientemente, y que espero que nuestro recorrido de la mano, sea muy largo.


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12

Juana se deslizó penosamente hacia la puerta. Los años se habian cobrado factura en su cuerpo. Ni siquiera hubiera escuchado que llamaban de no haber ido al salon a recoger las fotos que habia sobre la chimenea.
Tras la puerta se encontraba un estirado hombre trajeado, que portaba una carpeta bajo el brazo, que con cierta desazón inspeccionaba la fachada de la pequeña casa..
- ¿Usted debe ser del ayuntamiento verdad?- adivinó la anciana nada más verlo.
- Asi es señora. Mi nombres es Andres Lopez y vengo a.....
- Lo se, lo se. Pase por favor.
El joven sacó un formulario de la carpeta y la siguió al interior de la casa. De inmediato, Juana comenzó a alabar las virtudes de la vivienda.
- Como ve, el salón es muy espacioso. Soliamos reunirnos toda la familia a la hora de cenar, y no se crea que eramos pocos. Cinco sin contarme a mi. Era un circo, pero eramos felices. Por desgracia hace mucho de eso. Ah, mire la chimenea. Grande, ¿verdad? le aseguro que una vez se enciende, puede olvidarse uno del frio. Una navidad, mi marido bajó por ella disfrazado de Papá Noel, pero estaba tan sucio el tiro, que salió completamente negro....
El funcionario contemplaba con gesto impenetrable cada rincón de la sala, sin hacer demasiado caso de lo que le explicaba la anciana, que continuaba con sus historias sin importarle demasiado si era escuchada o no. Se dirigió con paso vacilante a traves del pasillo, hacia los dormitorios. El burócrata la siguió, intentando no tocar nada.
Habitación por habitación, tuvo que escuchar las pequeñas historias que atesoraban aquellas paredes.
- Aquí la silla en la que estaba sentado Juan se rompió cuando intentaba llegar a lo alto de ese armario donde habiamos escondido sus regalos de navidad... Aquí en la cocina mi yerno pidió la mano de mi hija, fue muy conmovedor, se arrodilló y le puso un anillo con un diamante enorme en su dedo... En aquel rincón, recibi la noticia de que mi Antonio se moria...
Mientras, él no perdia detalle de nada de lo que le rodeaba, apuntándolo todo en la hoja de papel que llevaba. Apenas diez minutos le bastaron para obtener toda la información que necesitaba. Asi que dandole las gracias, se despidió de la octogenaria.
Cuando salió a la calle, echó un último vistazo a la fachada. Lástima de incendio, pensó, debió de haber sido una casa acogedora y con gran pesar marcó en el formulario una casilla: derribo

5 comentarios:

Eingel dijo...

vaya... no os voté a ninguna de las dos

pero eso no quiere decir que no me pongais lo suficiente jiji

Besoooos y ahora empiezo a leer

Mae dijo...

eingel
Mejor así, porque los puntos los has repartido entre los concursantes que son los que se los merecen ;)
Besos y que tengas buena lectura.

Eingel dijo...

leidos...

amor y muerte, amor y muerte, amor y muerte, amor y muerte...

Besoooos a las dos (voy a mandar los votos)

Churru dijo...

Jeje pues algunos puntos míos se fueron para el de Mae (creo).Y esta ronda ha sido muy difícil de votar, todos los textos son estupendos. Se nota que el premio lo merece!!

Mae dijo...

ja ja si churru, tu me distes 3 puntos, xDD. Gracias. (Aunque fueran sin saberlo)